El calor del horno funde los colores y los hacer chorrear por la pieza esculpida.
El resultado final es imprevisible, pero que importa cómo quede.
Importa lo que no somos capaces de ver.
Lo que se encuentra escondido.
Fuera de nuestro alcance a más de 1000ºC de temperatura.
Cuando la temperatura baja, los colores dejan de moverse.
No quieren que los veamos.
Se detienen en el tiempo. Y guardan una fotografía de ese momento en ese estado.
El resultado, da igual.
Ya no es la búsqueda de la belleza en la imperfección.
Es el ejercicio de eliminar el control para ser más libre.